Casetas de pescadores vistas desde lo alto, junto a un mar de azul intenso

Poniente, calas y rocas

Costa de poniente

La costa de poniente es en buena parte bastante abrupta y está relativamente poco edificada en su parte Norte, lo que favorece múltiples calitas o rocas que hay que encontrar, unas veces con vehículo, otras veces a pie por caminos o senderos saliendo de excursión.

Nos gusta Es Xarco, con las sombras naturales ofrecen los pinos y la contigua Porroig, una gran bahía en forma de cerradura dónde si investiga, en la parte derecha de la “cala” encontrará un pasadizo acuático transitable junto una pequeña cueva, perfecto para adentrarse en un mini-viaje “iniciático”.

Bajo el pueblo de Es Cubells hay una cala homónima no demasiado frecuentada, también conocida como Ses Boques, a la que se llega por el camino asfaltado que parte desde la iglesia. Más al Sur, una Cala recóndita y encantadora abrazada por sus correspondientes casetas de pescadores es Cala Llentrisca, a la que se puede acceder siguiendo la guía de los senderos visibles en el mapa.

Otra excursión recomendable (mejor fuera de las horas punta de sol por lo empinado de la subida) es la bajada a las rocas del llamado Atlantis, con grandes explanadas rectas de roca (fue cantera, de ahí su nombre auténtico ‘Sa Pedrera’) y una pequeña cueva justo antes de las dunas de arena con la deidad hindú Brahma pintada sobre la roca de la entrada, al parecer por un japonés en gratitud por haber alcanzado ahí mismo la experiencia mística de la iluminación.

A un par de kilómetros de San Antonio, están las famosas plataformas de Punta Sa Galera, paraíso nudista/alternativo al que se puede llegar en coche, la urbanización por la que hay que pasar debe de facilitar el acceso. Siguiendo con al coche un camino que parte desde las Calas de Compte (aguas azul turquesa estupendas) se llega a una explanada pedregosa en la que encontramos una escalera que baja hasta las casetas de pescadores, resguardadas por un espectacular arco de piedra natural a modo de cueva que lo convierte en un rincón singular (detalle de acceso en el mapa).

El mar visto desde dentro del cueva de piedra cerca de Cala Conta
El puente de piedra e Cala Eubarca, con un excursionista posando sobre él

Más al norte, la remota S’Hort d’es Baladres con embarcaderos y algo de arena, a la que se accede por un torrente pasando el pueblo de Santa Inés (preguntar); hay que tener unas ciertas aptitudes para la escalada, así que el que tenga vértigo mejor se abstenga. Al N.E. de Santa Inés, el acceso a la pequeña y recóndita Cala Sardina representa casi una hora de marcha, siendo apta para caminantes amateurs.

En la zona de San Mateo, Cala d’Aubarca (o Cala d’Albarcar) tiene un gran puente de piedra singular, hay un camino pero impracticable excepto para un buen 4×4, mejor bajar a pie.

Vista panorámica de Cala Saladeta y Cala Salada

A unos 4 km al Oeste de San Miguel, Es Portixol es una cala con la singularidad de que tiene forma de herradura cerrada, de manera que puede parecer como un lago de mar según la perspectiva; hay varias casetas de pescadores, se accede caminando unos 30 minutos por un sendero que bordea el mar tras dejar el coche en la urbanización Illa Blanca.

Desde el Puerto de San Miguel, sale un camino en la parte izquierda a través del cual en 5 minutos se llega a la Cala des Moltons, un sitio tan encantador que cuesta entender que la gente prefiera agolparse en la playa de San Miguel. Cogiendo un camino que parte desde el mismo parking de Cala Xarraca se llega a las aguas cristalinas de Caló des Porcs (o de ses Porres, o Cala es Canaret), uno de los lugares preferidos por los yates para fondear por ser una cala tranquila y bien protegida; la zona padeció un gran incendio el verano 2011, pero la zona ha sido debidamente acondicionada por los servicios forestales y se va regenerando poco a poco.

Y siguiendo un par de kilómetros más allá se accede a Es Caló de s’Illa (de 10 a 20 minutos caminando según dónde se aparque), ahí no encontrará hamacas, chiringuitos ni comodidades, pero llenará de gozo a aquel que quiera retozar al sol en un paraje virgen.

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